El pésimo negocio de vender la ETB

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Por Sergio Fernández
*Politólogo y Magister en Derecho de la Universidad Nacional de Colombia, docente universitario, analista político y miembro del comité Unidos Revocamos a Peñalosa.

En 1992 invertir en telefonía Móvil era un negocio que, como muchos otros, no generaría ganancias inmediatas; sin embargo, por ese entonces, ya era una verdad incontrovertible que la telefonía Móvil sería el negocio del siglo XXI. De la misma manera que el vendedor de helados sabe que el negocio llega cuando salen los niños del colegio y no antes, quienes invertían en telecomunicaciones en ese entonces sabían que el negocio exigía grandes inversiones y una espera paciente que dejaría multimillonarias ganancias. Dos décadas después, el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, es precisamente el amo y señor del negocio de las telecomunicaciones y la telefonía Móvil en el mundo.

En la década de los 90 el Estado colombiano hizo enormes inversiones en el negocio de la telefonía móvil, fue así como la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá se dio a la tarea de construir una extensa red de antenas e infraestructura necesaria para entrar al mundo de la telefonía móvil pisando fuerte con COMCEL, una empresa que para ese entonces pertenecía en un 57.8% a la ETB. Posteriormente, bajo argumentos falsos, como que la inversión no generaba los retornos esperados, la ETB vendió parte de su participación accionaria en COMCEL y cayó al 31%. Finalmente, en el año 2002 la ETB vendió toda la participación que tenía en la empresa que hoy domina el mercado de las telecomunicaciones en Colombia.

En el año 2003, la ETB se dio de nuevo a la tarea de entrar al negocio de la telefonía móvil, fue así como nació OLA, de nuevo el Estado se metió la mano al bolsillo y con recursos públicos –de todos, apalancó a esta empresa, pero cuando ya se veían venir ganancias por montones, de nuevo, apelando a los mismos argumentos falsos de antes, se vendió OLA, hoy conocida como Tigo; años después la Contraloría descubrió que la participación de la ETB en OLA se vendió 40 millones de dólares más barata de lo que realmente costaba. Por segunda vez, sembramos todos para que unos pocos cosecharan.

La historia de las privatizaciones ha sido la historia de cómo el Estado realiza grandes inversiones en sectores estratégicos para posteriormente vender el patrimonio público y dejar en manos privadas las ganancias. En resumen, socializar la inversión y privatizar las ganancias.

Una frase popular reza que “al perro no lo capan dos veces”, refiriéndose a que nadie cae dos veces en la misma trampa, infortunadamente la historia de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá demuestra que al perro lo pueden capar dos, y por extraño que parezca, tres veces, pues con la propuesta de privatizar la ETB se pretende entregar la riqueza construida socialmente para provecho de unos pocos; por ejemplo, se pretende entregar la inversión más grande que se haya hecho en Colombia en fibra óptica –autopistas para que viaje la información a velocidades cercanas a las que viaja la luz-, una inversión de 1.3 billones de pesos que hacen de la ETB un fuerte competidor para Claro, Movistar y otras compañías. De hecho, la calificadora de Fitch Ratings en 2016 estimó que en los próximos cuatro años los ingresos de la empresa crecerán 4,3% en promedio, mientras la Contraloría de Bogotá, Alianza Valores y AdCap prevén un futuro promisorio para la empresa precisamente gracias a las inversiones hechas en fibra óptica en todo el país.

La historia demuestra que la ETB siempre ha sido grande a pesar de los gobernantes que la han administrado y debe seguir siendo grande y aportando al crecimiento de la ciudad con sus utilidades, con su desarrollo tecnológico y su papel estratégico para el Estado garantizando la soberanía en el ámbito de las telecomunicaciones e impidiendo que este sector estratégico quede en manos de un cartel encabezado por Comcel. En 2016 Claro tenía el 29% de la telefonía fija y el 46% del internet de Bogotá, pero si llegara a comprar la ETB quedaría con el 84% la telefonía fija y el 80% del internet, trayendo consigo los males obvios de todo monopolio: baja calidad a precios altos.

Que la defensa del patrimonio público sea un motivo más para quienes han abrazado la causa de salvar a Bogotá con la revocatoria del alcalde Enrique Peñalosa.

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